El Imperio Español y el sacrificio de niños en la América precolombina





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Los arqueólogos han descubierto recientemente pruebas del sacrificio masivo de niños en el Perú precristiano

La frase "La edad de oro de España" me resulta profundamente familiar desde mi infancia. Mi madre nació en Antofagasta, Chile, y de niño me criaron con libros que hablaban de las maravillosas hazañas de los exploradores, como Cristóbal Colón, y los conquistadores, hombres que, con algunos compañeros, derrocaron vastos imperios y los reclamaron para España y, por supuesto, para la fe católica. ¡Qué emocionado estaba de que la nave insignia de Colón se llamara Santa María y que su primer acto al aterrizar en el Nuevo Mundo fue plantar la Cruz! Cuán desilusionado me sentí al leer acerca de la derrota de la Armada española en 1588, un evento que solía verse como el final de la Edad de Oro, justo cuando la reconquista de Granada en 1492 (el mismo año del primer viaje de Colón) marcaba su apertura.

Estaré eternamente agradecido a mi madre por criarme tan políticamente incorrectamente. La gran emoción de la historia está conmigo todavía, y así es con intenso interés que acabo de leer sobre los descubrimientos arqueológicos más recientes en el Perú, según informa el Daily Telegraph. Los arqueólogos han descubierto recientemente evidencia del sacrificio masivo de niños en un sitio llamado Las Llamas. Leemos:

"...además de los huesos [de 140 niños], los investigadores también encontraron huellas que han sobrevivido a la lluvia y la erosión. Las pequeñas huellas indican que los niños fueron llevados a la muerte desde Chan Chan, una ciudad antigua a una milla de distancia de Las Llamas ... [L] os esqueletos de los niños contenían lesiones en sus pechos, que probablemente se hicieron con un cuchillo ceremonial. Las costillas dislocadas sugieren que quien estaba realizando los sacrificios podría haber estado tratando de extraer los corazones de los niños ".

Todo esto representa una verdad incómoda para aquellos que quisieran hacernos creer que la conquista española del Nuevo Mundo no fue algo bueno. Las civilizaciones precolombinas, que lograron mucho, como lo demostrará cualquier visita a un museo en México, tuvieron sin embargo grandes inconvenientes, como cualquier observador honesto debe admitir. Lo mismo es cierto, por supuesto, del Imperio español en el Nuevo Mundo, pero, y sigue siendo un gran pero, los españoles abolieron el sacrificio humano y desterraron el tipo de errores que hicieron pensar a la gente que el sacrificio humano era bueno o necesario.

El descubrimiento de este sitio de sacrificio masivo de niños en Perú podría proporcionar munición para aquellos que quieren ver los valores europeos innatamente superiores a los de la América precolombina. Por el contrario, podría ser utilizado por los relativistas morales para afirmar que el sacrificio infantil no es per se algo innatamente malo, y que no debemos juzgar a otras sociedades que son muy diferentes a las nuestras por los estándares que nos juzgaríamos a nosotros mismos. Sin embargo, mi propia visión de las cosas es clara, aunque algunos podrían considerarla simplista: ningún mal intrínseco -y el asesinato infantil es un claro ejemplo de eso- debe ser tolerado, por la razón que sea, y el hecho de que la sociedad que una vez practicó el sacrificio de niños en Las Llamas ya no existe es motivo de satisfacción. Gracias a Dios por los conquistadores.

Según The Telegraph, los expertos creen que esta orgía sacrificial de niños (y animales) puede haber sido un intento de calmar la ira de los dioses manifestada en malas condiciones climáticas. Eso tiene cierto sentido, pero es útil ver hasta qué punto la mentalidad que recurre al sacrificio humano difiere de la visión cristiana de la vida. El universo no está gobernado por deidades crueles e impersonales; no somos criaturas insignificantes a merced de fuerzas cósmicas malignas; cada uno de nosotros es amado por Dios, un Dios que, además, envió a su Hijo a morir por nosotros. Si creemos esto, la idea de enviar a nuestros hijos a morir por los dioses se convierte en anatema. En cuanto a las sociedades que sacrifican a los niños, por la razón que sea, deben permitir que las civilizaciones muertas de la América precolombina sean una advertencia de la historia.

Comentarios

Cristina Villarroya ha dicho que…
Dios nunca consiente el mal sino para que después venga el bien, un bien cuya magnitud hace las más de las veces exclamar a los Providencialistas: "Oh feliz mal, que tanto bien nos has traído"

Así como la misión del pueblo de Israel fue preparar el advenimiento del Mesías y después ya no tuvo razón de ser y no pudo emular a otras naciones, la misión de España es la de llevar y extender la Santa Cruz del Salvador por toda la Tierra. Por eso su destino es inextingible, inacabable e inacabable. Y cuando lo ha hecho, ha sido grande entre todas las naciones y cuando ha faltado a su misión se ha empequeñecido. Hemos de volver sin falta a retomar la Santa Misión que Dios ha encomendado a España, si nos queremos ver libres de todos los enemigos que nos atacan, desde dentro y desde fuera, servidores todos sin excepción, del enemigo de nuestras almas.
Cristina Villarroya ha dicho que…
¡Excelsos destinos los de España en la historia, señores! Dios quiso probarla con el hierro y el fuego de la invasión sarracena; ocho siglos fué el baluarte cuya resistencia salvó la cristiandad de Europa; y Dios premió el esfuerzo gigante dando a nuestro pueblo un alma recia, fortalecida en la lucha, fundida en el troquel de un ideal único, con el temple que da al espíritu el sobrenaturalismo cristiano profesado como ley de la vida y de la historia patria. El mismo año en que terminaba en Granada la reconquista del solar patrio, daba España el gran salto transoceánico y empalmaba la más heroica de las reconquistas con la conquista más trascendental de la historia.

el alma española, asiento de la hidalguía, madre de la claridad espiritual meridiana, que ha llenado ambos mundos con el hálito del amor que funde y con este sentido cristiano que acá y allá forma el subsuelo de la vida. Es esta fe la fe de Cristo, que empujó a nuestros mayores a salvar el Atlántico; que arrancó de la idolatría a los viejos pobladores de América; que realizó la visión de Miqueas, porque por ella pudo levantarse en todo meridiano la Hostia pura y Blanca, oblatio munda, desde las bajas Antillas a los Andes, de la tierra de Magallanes a Beering, y desde la que hoy el Amor de los Amores, vuestro Jesús y mi Jesús, ha dominado inmensas multitudes, fundido el pensamiento en el mismo dogma y el corazón en la misma caridad.

Al esfuerzo español surgieron, como por ensalmo, las ciudades, desde Méjico a Tierra del Fuego, con la típica plaza española y el templo, rematado en Cruz, que dominaba los poblados. Fundáronse universidades que llegaron a ser famosas, en Méjico y Perú, en Santa Fe de Bogotá, en Lima y en Córdoba de Tucumán, que atraía a la juventud del Río de la Plata.

Porque esta es la característica de la obra de España en América: darse toda, y darlo todo, haciendo sacrificios inmensos que tal vez trunquen en los siglos futuros su propia historia, para que los pueblos aborígenes se den todos y lo den todo a España; resultando de este sacrificio mutuo una España nueva, con la misma alma de la vieja España.

Es España que hizo más que ninguna madre; porque engendró y nutrió, para la civilización y para Dios, a veinte naciones mellizas, que no la dejaron, ni las dejó hasta que ellas lograron vida opulenta y ella quedó exangüe.

Porque la obra de España ha sido, más que de plasmación, como el artista lo hace con su obra, de verdadera fusión, para que ni España pudiese ya vivir en lo futuro sin sus Américas, ni las naciones americanas pudiesen, aun queriendo, arrancar la huella profunda que la madre las dejó al besarlas, porque fué un beso de tres siglos, con el que la transfundió su propia alma.

Cristina Villarroya ha dicho que…
Porque la

Fusión de sangre, porque España hizo con los aborígenes lo que ninguna nación del mundo hiciera con los pueblos conquistados: cohibir el embarque de españolas solteras para que el español casara con mujeres indígenas, naciendo así la raza criolla, en la que, como en Garcilaso de la Vega, tipo representativo del nuevo pueblo que surgía en estos países vírgenes, la robustez del alma española levantaba a su nivel a la débil raza india. Y el español, que en su propio solar negó a judíos y árabes la púrpura brillante de su sangre, no tuvo empacho de amasarla con la sangre india, para que la vida nueva de América fuera, con toda la fuerza de la palabra, vida hispanoamericana. Ved la distancia que separa a España de los sajones, y a los indios de Sudamérica de los pieles rojas.

Con la fusión de lengua vino la fusión, mejor, la transfusión de la religión. Porque el español, hasta el aventurero, llevaba a Jesucristo en el fondo de su alma y en la médula de su vida, y era por naturaleza un apóstol de su fe. Se ha dicho que el conquistador español, mostrando al indio con la izquierda un Crucifijo y blandiendo en su diestra una espada, le decía: «Cree o mueres.» ¡Mentira! Esto puede denunciar un abuso, no un sistema. La palabra cálida de los misioneros, su celo encendido y sus trazas divinas, su amor inexhausto a los pobres indios fueron, por la gracia, los que arrancaron al alma india de sus supersticiones horribles y la pusieron a los pies del Dios Crucificado.

http://www.filosofia.org/hem/193/acc/e64193.htm